11.7.06

Diario de un verano en la ciudad (5)





















Hay muchas maneras de sobrevivir al verano en la ciudad, y no me refiero a las soluciones típicas que se pueden encontrar en cualquier revista o folleto y que aconsejan no tomar el sol, beber mucha agua y cosas así. Mi principal modo de supervivencia es olvidarme de que existe un mundo por explorar y quedarme en casa, bajo el aire acondicionado, viendo dvd's. Como desde junio tenemos jornada intensiva, es un gustazo salir a las 3 de la tarde y tener el resto del día libre, sin prisas, sin calores, porque soy cual abeja y voy de flor en flor (ergo: de aire acondicionado en aire acondicionado), así que luego no sé por qué me quejo de calor y de verano, si prácticamente vivo las 24 horas a unos 20-21º (noches incluídas). De viernes a domingo nos piramos a nuestra casa de campo (en una pequeña aldea alicantina), desde la que también hacemos escapadas a la playa, que está a 10 minutos en coche. Allí se nota horrores el cambio de temperatura. No necesitas ventilador alguno, ni siquiera abanico. Este es uno de los métodos de supervivencia más poderosos que tengo. Pero volviendo a la ciudad...

... piscina por las tardes, en mi terraza, con mi iPod situado estratégicamente a la sombra y escuchando música folk. Ya hay quien me ha definido como muy folky, y de momento es mi definición favorita sobre mi persona en lo que va de año. Es lo que tengo. Y no os hagáis una idea equivocada, que yo no soy una rica heredera de la familia Hilton ni mi casa es Manderley: me baño y tomo el sol en una fantástica piscina desmontable... este es uno de los motivos por los que sería incapaz de vivir en un piso. Cuando refresca -y perdonad que me ría, pero aquí ya no refresca ni a las dos de la madrugada, pero bueno, es una frase hecha-, me gusta vestirme del modo más excéntrico y chic que me sea posible (algo así como la versión masculina de la ubicua Carrie Bradshaw) y salir a la calle a comprar ropa o cualquier cosa que se me antoje, porque gracias a Dios llevo un par de veranos que me lo puedo permitir debido al fin de la sequía del desempleo. El año pasado me dio por los coloridos slips de Intimissimi, la línea de cosmética masculina de Jean-Paul Gaultier y los perfumes dulzones de Rochas (¡¡¡atentos a lo que dice la Historia!!!... está claro que debía ser mío). Este año, de momento, me ha dado por los cd's originales. De ropa estoy pasando, más que nada porque en rebajas siempre me suele pasar lo mismo: todo lo que me gusta lo suelo comprar a su debido tiempo, recién llegado a la tienda, así que en esta época del año devoro la ropa de la nueva temporada. Soy un adelantado, sí, ya lo dije hace varios posts.

Otro de mis placeres veraniegos en la ciudad es el de coger el coche cuando está empezando a caer el sol y conducir por zonas alejadas de la ciudad e incluso de la civilización. El día que me saqué el carnet me prometí a mí mismo que sería para usarlo, a diferencia de otras personas de mi entorno que lo tienen sólo por el hecho de tenerlo y que no han vuelto a tocar otro coche tras abandonar la autoescuela. Me encanta conducir, y me encanta tener al fin un coche con climatizador (bueno, yo no, mi padre). Eso sí, imprescindible ir escuchando algún cd cuyas canciones me sepa de memoria para ir cantándolas, porque no me gusta llevar discos nuevos para ir descubriéndolos en la carretera. Y como últimamente me he pasado de listo aconsejando cantantes y/o grupos que me encantan y que no conocía ni Dios y ahora me los estoy empezando a encontrar por numerosos lugares y no soporto que algo que me gusta se dé a conocer más de la cuenta, hoy voy a correr un tupidísimo velo sobre la música que escucho en el coche. Incluso sobre el fabuloso ilustrador que nos ocupa hoy, y del que hace meses me hice fan absoluto (y envidioso número 1), que bastante angustia me ocasiona ya que David Lachapelle o Mark Ryden sean ahora tan conocidos como Madonna o Pitita Ridruejo.

¡¡¡Hay qué ver lo que cuesta querer ser exclusivo, oyesss!!!