19.12.05

Curas y fulanas















Decía Oscar Wilde algo así como que cuando abandonas un vicio, otro nuevo lo sustituye. Pues bien, yo abandoné el tabaco hace casi un año y, si bien es cierto que no es la primera vez que bebo alcohol, ahora cada vez que salgo me pillo unos melocotones tremendísimos. No obstante, esto no lo puedo calificar de vicio puesto que sólo bebo alcohol cuando salgo, y yo no estoy saliendo todos los fines de semana, así que en mi caso no es del todo cierto eso de que un antiguo vicio haya sido sustituido por otro, pero sí que ahora mis borracheras son sonadas. El caso es que el sábado volvió a ocurrir. El sábado se celebró La Santa Fiesta. Ese acontecimiento social que prepararon mis vecinos del Planeta Murciano y del que poco puedo contar porque de todo lo que ocurrió no recuerdo prácticamente n-a-d-a, y mira que he criticado siempre a la gente que decía “ay, tías, no recuerdo nada de lo que pasó anoche”, porque yo siempre he dicho que eso es imposible, que no te puedes quedar en blanco… bueno, pues me retracto. He sido abducido por unos alienígenas, me han hecho una lobotomía, Hannibal Lecter me sacó el cerebro y se lo comió con patatas porque esto no es normal. Y esto no es plan, señores/as, por no decir que es un auténtico escándalo. Si es que no se me puede dejar suelto, y mucho menos en una fiesta con barra libre, pero claro, lo mío ya venía de antes, de modo que muy poquita vergüenza tendría si le echara yo la culpa de mi estado anestésico a La Santa Fiesta. La cena y el botellón previo a la fiesta fueron los culpables de mi tajada. Y qué tajada…

Los fieles al Planeta Murciano ya estaréis al tanto de la temática de la fiesta y del pertinente dress code. Además, para los que no lo sepan, sólo con observar el lema de la fiesta (la Santa ídem) ya os podéis hacer una idea. Y a mí, cuando me toca vestirme de ángel o de santo, no sé cómo me las apaño, que siempre, siempre, siempre empiezo bien pero se da la vuelta a la tortilla sin haberlo planeado y acabo siendo un demonio. Dice mi amigo el Moderno que es mi esencia. Os juro que me coloqué un rosario, que mi intención era ser un chico bueno, pero al final fui lo más parecido al ángel caído. Aunque tal y como acabó la noche me temo que fui el ángel exterminador. No puede ser ésto… Para más información gráfica podéis visitar mi fotolog y mi fotoBlog próximamente, porque aún no he extraído las fotos de la cámara digital ni tampoco he visto en qué condiciones salgo, así que no os puedo dar una fecha exacta. En un principio pensaba acudir sólo con una amiga y finalmente nos presentamos allí siete personas, así que les doy las gracias a mis compatriotas por haberme permitido llevar a más gente. Nada más entrar a la sede planetaria yo tomé la dirección equivocada y acabé en la cocina. Tuve que guiarme por las voces, las risas y la música para poder llegar al punto neurálgico de la casa porque aquello estaba ciertamente oscuro. Entre eso y mi avanzado estado de embriaguez… me costó pero llegué al salón, y sin la ayuda de nadie. Vi una monja, un fraile con alas de ángel, una tiara sobre una cabeza de rizos, rosarios, caras pintadas… era como una congregación de santos pecadores, para qué engañarnos, o como aquella fiesta tan divertida de curas y fulanas que salía en “El diario de Bridget Jones”. Y qué divino MM, en calidad de Dj residente (para eso es su casa), con su corona de espinas y sus estigmas. Me hizo una foto nada más llegar y espero que no sea publicada en ninguna parte porque en mi estado sería vergonzoso verla. Bien, a partir de aquí es cuando ya no recuerdo nada, pero mis amigos me cuentan queeee…

- En la fiesta apenas bebí, que me ponía una copa, le daba un trago e inmediatamente después perdía el vaso y empezaba a preguntar totalmente exaltado “¿¿¿Tía, dónde está mi cubata???”.
- Mi tridente fue de mano en mano.

- Me saludaron dos chicos muy simpáticos a los que mis amigos oyeron llamarme “Marsónico”, de lo que deduzco que me habían reconocido de Blogger y/o Fotolog.
- Como no encontraba hielo ni tampoco refrescos acabé tomando whisky a palo seco.
- Estaba mi último ex, con el único con el que mantengo buenas relaciones, y que le di un abrazo para, inmediatamente después, darme la vuelta y seguir a mi rollo (no sé cuál era mi rollo exactamente) sin haber cruzado palabra alguna con él. Aunque claro, como para haberlo hecho en ese estado.
- Me enzarcé en una lucha absurda con el papel de periódico enrollado que adornaba el suelo, una auténtica trampa mortal para los que lucíamos zapatos tipo “chúpame-la-punta”. Mis amigos aseguran que MM llegó a preguntarme qué me ocurría y que yo contesté algo así como “¡¡¡Qué me estoy liando con el periódico!!!”…
- Me dio por ponerme súper borde y antipático… ays, de verdad, le pido disculpas a todo aquel al que lanzara algún comentario, mirada o gesto fuera de lugar.
- Empecé a llamar por teléfono a no sé quién a altas horas de la madrugada y que no contento con eso me dio por los sms. Al día siguiente tendríais que haberlos leído, aunque me temo que para alcanzar tal empresa hubiese sido necesario aprender primero un poco de swahili, arameo o latín, o todos a la vez. Ininteligibles…
- Se me cayó la cámara de fotos al suelo varias veces, hasta que al final me la quitaron de las manos para guardarla en el bolso de charol negro (divino) de una amiga.
- Me puse bastante pesadito y en plan “jooooooooooo” tras haber visto al famoso ex de marras.
- Me enzarcé en otra estúpida batalla con la corbata de Zara que me puse a modo de cinturón/fajín.
- Me fui a la cocina con una chica a la que no conocía de nada y le pregunté “¿Tú estás oyendo también el canto de unos pájaros?”. Delirium tremens, creo que se le llama… ya me diréis en qué tipo de trance me encontraba yo para estar oyendo los cantos de unos pajarillos.
- Me agarré del brazo de un chico desconocido durante un buen rato.
- Al salir de la fiesta entramos a bares gays para buscar a unos amigos. Por favor… así es cómo se me tiene que llevar a mí al ambiente: borracho a más no poder, para no ser consciente de donde me encuentro.
- Al salir de los bares gays fuimos a los aseos de un bar hetero. Yo entré en el de las chicas. Creo que llevaba los ojos más pintados que mis amigas, así que no quiero pensar qué imagen daría en semejantes antros con rosario rojo, ojos negros y purpurina por doquier.
- No podía meterme las manos en los bolsillos de mi americana negra de terciopelo de Zara porque seguían estando cosidos (iba de estreno, sí) y que de repente, ¡boom!, los descosí pegando tal tirón que tuvo que oírse en un planeta distinto al murciano.
- Seguí bebiendo en nuestra última parada: un bar donde trabajan unos amigos míos. Fuimos invitados a cubatas por la misma gente que, instantes más tarde, le pidió a una de mis amigas que me llevara a comer algo para rebajar mi embriaguez. Dicen que comí pizza.

Es muy importante que en tu grupo de amigos haya siempre alguien que, aunque beba, controle la situación y luego te pueda contar todas estas cosas. De hecho tengo una amiga que fue a la fiesta y que me ha contado todo aquello de lo que yo no fui consciente, y casi todos los datos de este texto se los debo a ella, porque de lo contrario mi versión de los hechos hubiese sido así: “El sábado fue La Santa Fiesta. Yo estuve allí. El domingo amaneció nublado”. Cuánto se lo agradezco, porque a nadie le gusta tener una laguna mental de más de 4 horas, supongo. Me quedé a dormir en su casa y ayer, nada más despertarme, me preparó una manzanilla doble porque previamente tuve que visitar el aseo en varias ocasiones debido al síndrome resacositóxico, dejándome la garganta en la taza del váter y los dibujos de los azulejos marcados en las rodillas. Mira, ni Kate Moss en sus años mozos. Pero claro, eso es lo que pasa cuando sales un sábado y te tomas hasta el pulso. Esta amiga mía tan estupenda asegura que fue un milagro que no me dieran también contracciones.

No sé qué canciones sonaron en la fiesta, pero era música para bailar. En cuanto entré al salón me empapé de tanto misticismo y tanta santería que realmente abandoné mi cuerpo y mi mente y me ausenté, viajando por un universo paralelo. Perfectamente podría haberme puesto a levitar y no habría desentonado nada con la temática de la fiesta. Y perfectamente me podrían haber metido el tridente por el culo y no me habría dado ni cuenta… Consecuencias del escándalo: pérdida del tridente, un par de euros, unos guantes de piel con pelo de avestruz por dentro, la vergüenza, la dignidad y la virginidad espiritual. Así os lo digo. Desde aquí también quiero pedir disculpas a mis vecinos planetarios por haberme marchado sin decir adiós, pero me temo que tal y como presagió MM días antes, me sacaron de allí a rastras, sin ser yo consciente de ello… A punto de publicar este post he descubierto que la famosa foto que me hicieron ya ha sido publicada en el Planeta Murciano. Qué miedo. Muy mal. Amén.

A todo esto, corresponsales del Planeta Murciano me han comunicado vía móvil que mi tridente apareció en el suelo, pisoteado y roto en mil pedazos… resquicios del Anticristo.

Gracias por todo. Me apunto a la próxima.